El perfil del traductor profesional

por Sandra Lara, Directora de Producción en Nóvalo.

Aunque este tema no constituye nada nuevo, teníamos mucho interés en publicar un post donde pudiéramos ofrecer una visión general de cómo creemos que debe ser el perfil del traductor profesional según nuestra dilatada experiencia en el sector. Por supuesto, no se trata solo de una cuestión de desarrollo profesional, sino también de actitudes y requisitos específicos que no se suelen aprender en la formación universitaria.

En este sentido, nos hemos planteado dividir estos requisitos en varias áreas o aspectos principales que configuran el perfil global, aparte de la propia formación lingüística del profesional.

Estos son:

1) El equipo informático.

La relación que muchos de nosotros han tenido con los ordenadores ha sido arisca desde el principio. Esas máquinas infernales. Cuando la traducción empezó a desarrollarse como un mercado muy potente y básicamente centrado en las nuevas tecnologías, los ordenadores llegaron al mundo del traductor como el rayo y se impusieron rápidamente como LA herramienta. Surgieron las herramientas de traducción asistida y toda clase de aplicaciones de apoyo al trabajo del traductor. Sin embargo, parece que el traductor profesional se resistía y, hoy en día, muchos parecen seguir haciéndolo, según nuestra experiencia. Trabajan con ordenadores pero sin profundizar demasiado. Gran error, desde nuestro punto de vista. Es como si el albañil no realizara un mantenimiento de sus herramientas: sería incapaz de construir un muro. El traductor profesional depende del ordenador y es vital que aprenda a usarlo en profundidad, que sepa cómo arreglar problemas en la medida de lo posible y que controle de arriba a abajo los procesos de instalación, manejo y uso de toda clase de herramientas y aplicaciones relacionadas con el sector. Además, es un proceso interminable, hay que seguir en ello siempre, más aún teniendo en cuenta el crecimiento exponencial de todo lo relativo a la informática. Por tanto, el traductor profesional debe ser, en gran parte, informático.

2) La rentabilidad del tiempo.

Este aspecto del perfil del traductor parece una obviedad, pero conviene especificar a qué nos referimos concretamente. Como sabemos, el tiempo es la variable que rige principalmente nuestro mundo. Las entregas, los plazos, los tiempos de producción de una tarea, etc. todo se rige según el tiempo empleado y los plazos en los que tenemos que completar las tareas. El cliente no espera si no es por un buen motivo. En este sentido, conviene volverse ágil a la hora de calcular los tiempos en las distintas fases del trabajo. En el caso de tener que realizar tareas repetitivas como, por ejemplo, pasar el corrector ortográfico a un paquete de 2.000 archivos, conviene “perder” tiempo investigando la forma de acelerar el proceso. En el ejemplo que os ponemos, podría realizarse una macro que pase el corrector automáticamente en lotes de archivos. Investigar cómo realizar la macro y aprender a hacerla puede llevar 30 minutos. Pasar el corrector a 2.000 archivos manualmente puede suponer horas. Además, la macro ya nos serviría en adelante para futuros trabajos. Una inversión de tiempo de 30 minutos ha supuesto un ahorro exponencial de tiempo de trabajo en el futuro. Este modo de hacer es aplicable a casi cualquier circunstancia. Cuando os encontréis ante una tarea que implique una gran pérdida de tiempo, planteaos primero si es posible rentabilizar vuestro tiempo investigando la agilización de los procesos.

3) Sistemas de trabajo, organización y calendarios.

El método de trabajo y organización del traductor profesional es fundamental. No nos referimos únicamente a usar calendarios y herramientas administrativas, lo que acaba resultando vital cuando se tienen varios clientes, sino también a la distribución de tareas a lo largo de la jornada de trabajo y a la forma de trabajo en sí. Por ejemplo, muchos traductores realizan la traducción primero y luego revisan sus propias traducciones tras cierto periodo de tiempo. No es que este sistema no nos parezca adecuado, pero hemos comprobado tras nuestros años de experiencia que resulta igualmente eficaz lo que llamamos revisar sobre la marcha. Para ello, conviene traducir mirando la pantalla y leyendo lo que se escribe. Así es, aunque resulte evidente. Aprender a teclear con rapidez y precisión es el primer paso. A continuación, hay que acostumbrarse a ir leyendo lo escrito. De esta manera, se van detectando muchas cuestiones que luego, en una lectura más general del texto, pueden pasarse. Nos referimos, por ejemplo, a errores tipográficos que no detecta el corrector, como cuestiones de concordancia o gramaticales. El tiempo empleado en escribir en el mismo que sin mirar la pantalla, pero estamos realizando dos tareas a la vez. Esto tan sencillo, a la larga, permite un gran ahorro de tiempo.

También es fundamental contar con una aplicación de calendarios y, dado que el correo electrónico es una pieza vital en todo el engranaje que constituye nuestro trabajo, nosotros recomendamos unificar todo lo posible en una sola aplicación, como MS Outlook, por ejemplo. MS Outlook permite gestionar el correo, añadir notas, vincular fechas de calendario con mensajes, añadir avisos, organizar reuniones y citas mediante avisos por correo, etc. De este modo, podemos recibir un trabajo por correo, vincularlo a una fecha de entrega y a notas, que la aplicación nos avise dos horas antes de la entrega y devolver el trabajo realizado sin salirnos de la misma aplicación.

En este aspecto, también recomendamos el uso de algún tipo de aplicación administrativa, que permita llevar el control de las cuestiones tributarias, económicas y relativas a la facturación, un aspecto muy importante dentro de nuestro trabajo que algunos suelen dejar de lado.

4) Marketing: el trabajo comercial.

Nuestra profesión requiere un trato indirecto con los clientes (ya que la mayoría de las veces ni los conocemos en persona), pero esto no quiere decir que no exista trato. Muchos traductores se limitan a realizar su trabajo, cuando lo reciben, y no realizan acciones comerciales que les permitan promocionar su trabajo o sus perfiles en otras áreas o con otros clientes. Es importante que el traductor aprenda a tratar las cuestiones que interesan a sus clientes, como ofrecerles posibilidades de participar en el proceso (mediante envío de referencias, envío de consultas al cliente, solicitud de material anterior) o pedirle recomendaciones para terceros clientes. El trabajo comercial de un traductor consiste principalmente en promocionar su trabajo y entrar en contacto con posibles nuevos clientes y cualquiera puede tener una necesidad de traducción. Además, conviene contar con medios de difusión adicionales, como páginas web profesionales, inclusiones en bases de datos reconocidas del sector (como ProZ, por ejemplo) o blogs y artículos para diversas publicaciones.

 

Esperamos que estos pequeños consejos y recomendaciones, aunque muy someros, os hayan servido de ayuda o de pista si estáis empezando vuestra andadura en el curioso mercado de la traducción. Más adelante iremos profundizando en estas y otras cuestiones relacionadas que irán perfilando de forma más precisa todos los aspectos que influyen en nuestra maravillosa y especial profesión.