Morder o no la manzana

por Sandra Lara, Directora de producción.

Desde hace años, cuando trato con alguien el tema informático, siempre acabo diciendo lo mismo: “nuestro trabajo es 50% traducción y 50% informática”. Esto algo que creo a pies juntillas. No conozco a apenas ningún traductor que no dependa de su equipo informático… y eso que he conocido a muchos que han intentado seguir aferrados a las antiguas técnicas de pergamino y carboncillo. Sin embargo, dado que sería absurdo resistirse porque sí a las herramientas que surgen, aceleran y mejoran el trabajo que realizamos, al final, la informática en la traducción ha acabado por imponerse sin apenas resistencia y los traductores, en parte, nos hemos convertido en técnicos informáticos a marchas forzadas. Cuestión de mera supervivencia.

Sin embargo, a pesar de que es indispensable ser capaz de enfrentarse a los múltiples peligros y desasosiegos que conlleva el uso de un ordenador independientemente del equipo que sea, hacer una buena elección, lógicamente, ayuda. Antes, hace unos 15 años, no había cuestionamiento posible: uno se compraba un PC sí o sí. En aquel entonces los procesadores de texto y las herramientas TAO (aaah, Trados 1.0, dónde estás) no consumían tantos recursos y bastaba con poca cosa y un conocimiento más o menos elemental (nota mental: nunca escribas format c: en DOS). Ahora ya no resulta tan fácil. El traductor experimentado probablemente utilizará varias, si no muchas, herramientas TAO y, muy probablemente, tendrá otros intereses para los que también usará ordenador. Es mi caso, por ejemplo. Además de la traducción, tengo otras aficiones para las que necesito usar un (buen y sólido) ordenador.

Siempre he sido usuaria de PC por falta de conocimiento. Pero el día que usé por primera vez un ordenador Apple me captaron para siempre.

Mordí la manzana.

Lo sé. Mucha gente dice que somos como profetas de una secta. Sin entrar en cuestiones de diseño y usabilidad (me costará no hacerlo), me limitaré sencillamente a enfrentar a los PC y los Mac en una guerra sin cuartel por hacerse con el alma del traductor. Veamos quién gana la batalla.

El primer asalto va sobre hardware y precio. No puedo discutirle a nadie que comprarse un Mac requiere una inversión, como mínimo, en torno al 30%-40% más que la que requiere un PC. Cierto. Pero hay un error muy común en esta suposición. Bueno, dos. El primer error es que no se comparan equipos de gamas similares. La gente compara un PC clónico básico con el precio de un Mac. Lo que hay que comparar son equipos de gama y características similares, es decir, un Sony Vaio frente a un MacBook. Y, en estos términos de comparación, la diferencia ya no es tanta.

Por otra parte, existen posibilidades alternativas, como los hackintosh. Un hackintosh es un Mac clónico. Es decir, un equipo no fabricado por Apple capaz de ejecutar el SO de Mac OS. Puedes encontrar en el mercado a numerosos informáticos que componen estas máquinas por encargo y a muy buen precio. En cualquier caso, por bastante menos de lo que te costaría un Mac de la casa Apple.

Además, hay que tener en cuenta el sistema operativo en el precio. Apple regala muchas de sus actualizaciones (como ha hecho con el OS X Mavericks) mientras que Windows no. Y las que no se regalan, se venden a un precio bastante asequible (la actualización a Leopard cuesta 18 EUR). Por otro lado, todos los equipos Apple se venden con el SO, mientras que los PC no. Si te compras un PC, también tienes que plantearte adquirir la versión de Windows que mejor se te ajuste o bien aceptar la que te regalen con el equipo, si es que lo hacen. Uno no recibe la versión profesional de Windows 8 con su PC, quiero decir, a no ser que la compre. El precio medio de un SO de Apple ronda los 100-130 EUR, y se entregan completos, mientras que los SO de Windows rondan los 200-250 EUR (en la tienda de Microsoft, Windows 8.1 Pro cuesta ahora mismo 279 EUR) y muchas veces están capados en cuanto a funcionalidades.

En cuanto al hardware, los componentes Mac duran mucho más. He tenido un iMac activo, operativo y completamente funcional durante 6 años. En este tiempo, lo formateé una sola vez. En este mismo periodo, he tenido 3 PCs. No, no crío ordenadores. Sencillamente tengo PC en la oficina y Mac en casa, pero han muerto 3 PC en la oficina mientras mi iMac seguía tan pancho en casa. Un PC nuevo cada dos años. Y no hablamos de un iMac de adorno en casa. Al Mac de casa le he dado un uso diario, exactamente igual que al de la oficina. ¿Cuestión de suerte? No, porque este mismo caso se ha dado entre amigos y compañeros también. Por tanto, puede que un Mac requiera una inversión mayor, pero la duración es tres veces superior según mi experiencia profesional.

El segundo asalto concierne a software y compatibilidad. La gran pega del rey de los ordenadores Apple es la compatibilidad con las herramientas TAO de uso más frecuente, es decir, SDL Trados 2007 y SDL Studio 2009/2011/2014. No existen versiones compatibles con Mac para estas herramientas (algo que jamás he entendido). Sin embargo, sí existen otras herramientas TAO con versión para Mac, algunas de código libre. Por ejemplo, tenemos Wordfast (con una versión gratuita, Wordfast Anywhere), AppleTrans, Swordfish, Heartsome, OmegaT (gratuita) y Anaphraseus. En el caso de Swordfish y Heartsome, por ejemplo, permiten importar y exportar memorias TMX, trabajar con archivos *.ttx o *.xliff, lo cual facilita muchísimo la interacción con otras herramientas TAO, sobre todo Trados.

A pesar de esta gran pega, sigue siendo posible utilizar un Mac para traducir. Hace unos años Apple comenzó a usar microprocesadores Intel en su hardware y abrió la veda. Es posible por tanto instalar Windows en un Mac.

¿Y para qué querría nadie hacer eso? Si compras Apple, compras Apple, ¿no? No necesariamente. Dado que el hardware de Apple ofrece un rendimiento muy superior, sí tiene sentido adquirir un Mac que dure más y que, al mismo tiempo, me permita usar Windows cuando no puedo evitarlo. Es mi caso, por ejemplo. Gracias a la herramienta Bootcamp, integrada de serie en los sistemas operativos de Apple, es posible instalar Windows y Mac OS y elegir con qué sistema operativo arrancar el equipo cuando se inicia. ¿Que vas a trabajar? Arrancas Windows. ¿Que vas a usar el ordenador para otras cuestiones más lúdicas? Arrancas Mac OS. Aunque cueste creerlo, el sistema operativo Windows funciona mejor y ofrece más estabilidad cuando se instala en un Mac. Increíble pero cierto. Es más rápido y mucho más estable.

Otros recomiendan también el uso de software de escritorio virtual para instalar Windows dentro de Mac OS. Software como Parallels Desktop, VMware Fusion o Virtual Box (gratuito). Yo he desechado esta opción porque, a pesar de la ventaja de que ambos sistemas operativos se ejecutan a un tiempo (es decir, puedes salirte de Windows un segundo y acceder a MacOS, mientras que con BootCamp tendrías que reiniciar), el rendimiento no compensa. Los virtualizadores consumen mucho en cuanto a recursos y ralentizan enormemente el equipo.

Por último, otra opción que se nos presenta para ejecutar Windows en un ordenador Apple son los emuladores, como Crossover. Estos emuladores permiten usar un programa en un entorno con el que no es compatible. Por ejemplo, SDL Trados en Mac. De momento y hasta que esta opción no evolucione más o se redirija a otros ámbitos más profesionales (en la actualidad está muy enfocada a videojuegos), no la recomiendo, ya que muchos programas no llegan ni a funcionar.

El tercer y último asalto atañe a otros factores adicionales, como la compatibilidad del software de Apple entre sí y las pocas probabilidades que tiene el sistema operativo de verse afectado por un virus. Los programas de Apple están diseñados de forma que la compatibilidad entre ellos es máxima, así que resulta intuitivo y fácil trasladar datos e información entre los programas. Por otro lado, la facilidad de uso de los sistemas operativos de Apple es sorprendente, uno aprende a usarlos rápidamente y sin procesos complejos. Están diseñados para niños. Recordemos por un segundo en qué consiste, por ejemplo, desinstalar software en un PC (buscar la opción para quitar el programa, ir al registro, borrar las carpetas, etc.). Siempre queda un rastro. En un SO de Apple, basta con arrastrar el icono del programa a la Papelera y software desinstalado.

Respecto a las infecciones… Llevo siendo usuaria de equipos Apple desde hace unos 10 años y jamás he sido víctima del ataque de un virus o un troyano. Nada de nada. Puedes navegar con toda la tranquilidad del mundo y abrir correos con absoluta confianza, porque los virus no atacan a los ordenadores Apple. Al menos de momento.

En conclusión: no deja de ser una cuestión personal, de lo que uno encuentra cómodo o no o de lo que considera fundamental a la hora de trabajar. He conocido a profesionales a los que les da “pereza” cambiarse, por tener que aprender accesos de teclado nuevos o rediseñar su mente para adaptarse a un sistema operativo diferente. También he conocido a otros que se han cambiado y se han arrepentido porque les cuesta mucho cambiar el chip.

Insisto en que esto no deja de ser una cuestión personal, pero creo que es importante contar con todos los puntos de vista para tomar la decisión que mejor se le ajuste a uno y, en función de eso, decidir, con cierto criterio, si lanzarse o no a morder la dulce manzana.