La organización del traductor: tiempo y esfuerzo

La palabra autónomo viene de la voz griega αυτόνομος, compuesta por αυτό- (auto- = propio, mismo) y νόμος (nomos= ley).

A su vez la palabra νόμος procede del verbo νέμω (nemō = pacer, repartir, distribuir, gobernar, tener en su poder, etc.).

De aquí podemos entender los dos significados que tenía la voz griega:

  • Que se rige por sus propias leyes, independiente.
  • De ganado que pace en libertad.

Como indica la etimología de la palabra (dejando de lado la acepción de «nomos» referida a pacer), según he referenciado, el traductor autónomo, por definición, tiene que encontrar la manera de distribuirse, repartirse y gobernarse «por sí mismo». Pero no solo el «autónomo» en términos fiscales. El traductor, autónomo o en plantilla, trabaja casi siempre de manera autónoma en este sentido de «consigo mismo». En el ejercicio de esta autonomía, es muy útil suscribirse a ciertos blogs profesionales que, sin estar expresamente relacionados con la traducción, son de gran ayuda para el desempeño de esta profesión ya que el traductor ha de ser, en muchas ocasiones, autodidacta. Y ha de serlo en casi todos, por no decir todos, los aspectos que rodean su profesión excepto, me atrevería a decir, el de la traducción en sí misma. Porque en la universidad sí, tratan de enseñarnos a traducir y uno trata de aprender. De juzgar, luego, si lo has conseguido o no se encarga el propio mercado. Pero, aparte de esto, todo lo que convierte a un traductor en traductor debe aprenderse por cuenta propia, traduciendo.

La suscripción a ciertos blogs profesionales (como el blog de infoautónomos.com) es muy útil para encontrar ciertas claves, en particular, las expuestas en este post (con lo que su utilidad queda demostrada). Era algo sobre lo que tenía ganas de escribir y casualmente, como si hubiera invocado a mis musas, llegó en forma de correo electrónico a mi bandeja de entrada. El post del que hablo hace una afirmación que comparto sin matices. Hablando de los programas que ayudan a gestionar tareas, concluye que: «la productividad no es softwarela productividad son pequeños hábitos, rutinas y gestos que hacen que saquemos lo mejor de nosotros mismos para obtener grandes resultados».

Encuentro que esta afirmación es especialmente aplicable al trabajo del traductor, tanto si es autónomo como si no.  Y por eso quiero dedicar mi post, entrando ya en materia, a esas rutinas y gestos que cualquier traductor ha podido ir adquiriendo y desarrollando con el paso de los años. En particular, de las que ayudan a organizarse el tiempo y a sacar el máximo partido al esfuerzo.

En primer lugar, con respecto al tiempo, es esencial trabajar con un horario fijo:

Esto, para el traductor en plantilla, es sencillo, puesto que, por suerte o por desgracia, le viene impuesto. Sin embargo, el traductor autónomo dispone de más flexibilidad. El criterio para elegir este horario dependerá de cada uno. Siempre será más conveniente elegir el horario en el que uno se sienta más productivo pero, es esencial tener en cuenta el horario de trabajo de los clientes, puesto que, al final, son los que realmente necesitan disponer del recurso que para ellos es nuestro trabajo; En el caso de los autónomos, es fundamental que este horario sea siempre el mismo. Que la mente se habitúe a estar despejada y concentrada cada día a la misma hora y que los clientes sepan con toda seguridad en qué horario pueden localizar al profesional.

Además, tanto los traductores autónomos como quienes trabajan en plantilla lo hacen para varios clientes y de varios tipos. Este factor es determinante a la hora de organizarse, puesto que para los clientes que tienen un horario de oficina, la disponibilidad del traductor tiene que circunscribirse a ese horario que, para más inri, varía según el huso horario del país.

Ciertamente, el traductor autónomo siempre conserva la ventaja de la flexibilidad. Pero esa flexibilidad debe ser eso, una ventaja, algo que actúe en su favor, no que se convierta en su peor enemigo, conduciéndolo al caos horario. Demasiada flexibilidad es, en definitiva, un desorden. Además, volviendo al tema del equipo, conjugarse con los compañeros que trabajan en la oficina del cliente  también ayuda a sentirse, en cierta manera, parte de ese equipo.

Respecto al horario, una vez decididas las horas que deben dedicarse a un cliente determinado, de acuerdo con el volumen de trabajo encargado, es fundamental respetarlas, restringirnos a ellas y acostumbrar a nuestros clientes a que entiendan que quien mejor sabe y puede calcular cuántas horas requiere una traducción es el traductor. De lo contrario, corremos el riesgo de no dejar nunca de trabajar, de acabar a deshoras o de que sean otros quienes nos impongan un horario en el que muchas veces la calidad queda supeditada a la rentabilidad. Hago un inciso para señalar que, en este trabajo diario, reservar unos momentos de descanso, es igual de importante que respetar el horario de trabajo que requiera la traducción.

Y al hilo de esto último, entro en el tema de la organización del esfuerzo. Quizá el esfuerzo sea más difícil de cuantificar porque cada uno tiene un límite de capacidad. En cualquier caso, creo que hay que ser consciente de ese límite y no rebasarlo porque en ese mismo momento, se deja de ser productivo. Esta faceta del trabajo del traductor se domina mucho mejor con el tiempo, cuando se ha elaborado una estadística mental de hasta dónde se puede llegar y se percibe perfectamente cuándo se está dejando de hacerlo. Seguir más allá del límite de las propias capacidades acaba pasando factura en forma de cansancio, una consecuencia más asumible, y pérdida de calidad del trabajo entregado, efecto más arriesgado que debemos evitar.

Querría abrir aquí un paréntesis para matizar algo sobre este concepto, el de la productividad: cuando además de trabajar para otro tipo de clientes formas parte de la plantilla de freelance que trabaja diariamente en el equipo de una oficina, el concepto de productividad varía muchísimo, es mucho más complejo. La productividad, en este último caso, no se cuantifica únicamente en términos de cumplimiento de plazos de entrega y satisfacción de criterios de calidad, que también. La productividad en un equipo de trabajo se mide además por la calidad de la relación personal y profesional que desarrollas con tus «telecompañeros», lo resolutivo que puedes llegar a ser para el equipo en un momento dado, la autonomía que debes adquirir para seguir el ritmo del equipo…  llegar a adquirir y dominar todas estas habilidades requiere un empeño que el autónomo debe contemplar también a la hora de organizarse el tiempo  y el esfuerzo. Porque su tiempo y su esfuerzo ocupan y no son factores que pasarse por alto por el hecho de no representar labor pura y dura de traducción.

Por tanto, y para concluir mi reflexión, insto a los traductores a hacer un trabajo de conocimiento de sus propios límites y recursos para poder extraerles el máximo partido a ambos, si queremos ser coherentes y hacer honor al verdadero significado de la palabra “autonomía” que, tanto si también se refiere a nuestra situación empresarial y fiscal como si no, es una característica clave de nuestra manera de trabajar.