Las 8 habilidades extra-ordinarias de un coordinador de proyectos

Por Mónica Vega, Coordinadora de proyectos

Antes de trabajar en una agencia de traducción, trabajé como traductora autónoma, en una época en la que Internet empezaba a abrirse paso en algunos hogares y en un momento en el que para poder empezar a trabajar y conectarte, encendías el módem, te ibas a prepararte un café, una tostada, leías un poco de algún libro que llevaras a medias… y entonces, después de una serie de pitidos extraños (y bastante irritantes), por fin podías ponerte a trabajar. ¡¡Te habías conectado!!

A lo largo de los años, he visto evolucionar las herramientas de traducción asistida, desde los mil disquetes hasta el enlace para descargar. Y no soy tan mayor —de verdad—, pero el mercado ha evolucionado mucho, en muy poco tiempo. Aunque no pertenezco a las primeras generaciones de traductores de localización, sí que he conocido a muchos y creo que eso me da una amplia perspectiva de cómo han cambiado las prioridades, las tarifas y los métodos de trabajo.

Ahora soy coordinadora de proyectos y, a menudo, leo artículos de blog acerca de las vicisitudes que afrontan los traductores hoy en día debido a las condiciones del sector: tarifas, horarios, relaciones con los clientes, etc. Nada de eso me resulta ajeno porque lo vivo a diario aunque me gustaría ofrecer otra visión del coordinador de proyectos ya que, cuando di el paso de cambiar al «lado oscuro» (es decir, trabajar como coordinadora), no me podía imaginar la cantidad de habilidades extraordinarias que debía reunir un coordinador de proyectos o project manager para realizar su trabajo.

¿Quieres seguir leyendo y averiguar a qué me refiero? Pues te invito a conocer todas las habilidades o profesiones paralelas que, en mayor o menor medida, me ayudan a desenvolverme como gestora de proyectos en una jornada cualquiera.

¿Sabías que un coordinador de proyectos, además de gestionar y administrar proyectos tiene un poco de…

…psicólogo?

La labor de coordinar implica también un trabajo de «empatizar» con el traductor; de conocer sus preferencias, sus debilidades y sus potencialidades. El intercambio de mensajes se convierte, a veces, en un apoyo psicológico al traductor para que se sienta capaz de abordar ciertos textos y no desfallecer ante las primeras dificultades o los escollos que algunos encargos presentan.

…malabarista?

Jamás me habría imaginado que, dentro de este sector, hubiera que hacer auténticos malabares para encajar volúmenes, fechas, preferencias de traductores, exigencias de los clientes. Desde fuera puede parecer que todo viene rodado, pero los coordinadores dedicamos muchas horas a poner en marcha un proyecto; manejamos tantas variables que la imagen que viene a mi cabeza no es otra que esta:

 malabarista

…pacificador?

Las batallas dialécticas entre traductores y revisores no resultan fáciles de gestionar; todos tenemos o «queremos» tener un poco de razón y mediar entre ambas partes, no es tarea sencilla. En ocasiones se confunde corrección con flagelación y los revisores aprovechan el momento de corregir un error para dejar plasmadas sus impresiones personales o pensamientos sin tener en consideración que pueden ofender a otro profesional que está en su mismo bando. No obstante, también me encuentro con traductores que defienden su propuesta como si les fuera la vida en ello. Desenvainan, les invade un espíritu samurái y no dejan «corrección con cabeza». Tampoco es ese el camino más constructivo.

De manera que el coordinador de proyectos se encuentra en medio de un partido de pimpón, en el que debe encontrar los argumentos para tomar una decisión salomónica y apoyar la mejor opción tras la dura batalla. Todo ello, con el menor número de bajas posible.

…informático?

Seamos francos, ¿quién no ha mandado nunca una captura de pantalla al coordinador sobre un problema técnico? ¿Los motivos?: ayudar a instalar herramientas, resolver dudas sobre funcionamiento, conocer por qué el programa se cuelga y mil y una cuestiones más… No puedes dejar al traductor sin respuesta, debe trabajar con ese programa informático concreto porque así lo exige el cliente así que a los coordinadores no nos queda más remedio que «aprender» a manejar todos los programas y enfundarnos en nuestro uniforme de EIT (Experto Informático en Todo) y, a veces, adquirir los conocimientos sobre la marcha. Lo fundamental es que el traductor pueda seguir porque «the project must go on». Aunque ello implique dejarlo todo por unos momentos para empaparte de sistemas de ayudas, navegar por comentarios de foros o realizar llamadas a amigos informáticos de verdad.

…despertador personal?

Sí, has leído bien, no te traicionan tus ojos cansados. De sobra es sabido que los autónomos trabajan en horarios que pueden ir contracorriente (existen los traductores transilvanos que adoran trabajar de noche). Incluso puede darse el caso de que la coincidencia con el horario laboral estándar sea mera casualidad. Creo que nadie se escandalizará si digo que más de un traductor contesta a peticiones de trabajo con el móvil desde la cama y con un ojo abierto y otro cerrado.

¿Qué ocurre con algunas entregas? Pues que el traductor se queda hasta tarde terminándolas y no llega a tiempo a su cita con el coordinador. Es decir, que el coordinador tiene que desafiar el potencial tecnológico de las alarmas de los móviles, abrirse paso con su insistencia telefónica en el sueño profundo del traductor, arrancarlo de los brazos de Morfeo (¡qué crueldad!) y recordarle que tenía una entrega hace una par de horas.

Hasta aquí, solo hemos rozado la parte de relación con los traductores. Nos queda todavía the dark side of the moon, porque seguimos siendo los mediadores entre el cliente y el traductor. Y dentro de nuestro papel en la cadena de creación, también tenemos que ejercer un poco de…

…diplomáticos?

En cuanto llevas cierto tiempo trabajando en este sector, compruebas que no es extraño desafiar las leyes de la naturaleza y plantear propuestas como «quiero esto para ayer».

meme_Regreso al futuro

En ocasiones, las peticiones de los clientes no son factibles dentro de unos plazos lógicos, son exigentes y carecen muchas veces de la atención a determinados aspectos que nosotros, como lingüistas, consideramos fundamentales. Por lo tanto, conseguir que personas de otras culturas y con otras costumbres comprendan los mínimos que debe reunir un trabajo, el mimo que debemos imponer al resultado final y el tiempo que nuestra artesanía requiere, precisa de unas habilidades diplomáticas con las que serías capaz de atravesar una reunión de vecinos y salir ileso. Encontrar las palabras justas, usar dotes de maestro Jedi para convencer al cliente de qué es lo mejor, detectar los recovecos por los que poder colarse y conseguir más tiempo son habilidades que solo se pueden adquirir mediante la experiencia y la práctica diaria. Esto no se aprende en la facultad.

…criptógrafos?

Sí, sí, has leído bien. Aunque el inglés sea el idioma que utilizamos en el sector para comunicarnos con clientes de diversos países, eso no garantiza que la persona que está al otro lado tenga un buen conocimiento del idioma o que no te escriba mientras está realizando otras mil tareas más. El resultado es que el texto que recibes puede ser una frase absolutamente inconexa que sabes que tienes que entender sí o sí porque si preguntas de nuevo, la respuesta puede ser aún más indescifrable:

correo electronico

…telépatas?

El punto anterior me lleva a otra habilidad que desarrollamos los coordinadores y es la capacidad de leer la mente del cliente. Es muy habitual recibir peticiones tan difusas e ilógicas que, o bien tienes una gran imaginación guiada por un sentido común a prueba de balas, o puedes entrar en la mente de la persona que te ha enviado la petición y comprender qué es lo que quiere de verdad.

Y por último, para no extenderme mucho y aburrirte, indicaré otras habilidades que desarrollamos como fruto de nuestra labor.

Como se ha visto, la coordinación de proyectos conlleva mediar entre los distintos eslabones de la cadena, además de tratar de cumplir con los plazos, afrontar las dificultades de cada texto, administrar los presupuestos para garantizar la rentabilidad y otros muchos aspectos. Así que, o te conviertes en un experto en respiración antiestrés y técnicas de relajación, o acumulas tal nivel de ansiedad que ni con 10 horas en el gimnasio consigues contrarrestarlo. Debes alcanzar un estado de quietud mental que te permita seguir sin parar.

Cada coordinador tendrá sus propias herramientas de autorregulación, pero a mí me funcionan mejor las respiratorias, puesto que lanzar objetos o golpear un saco de boxeo no suelen ser opciones viables en una oficina. Además, habría cola para usar el saco y eso generaría aún más estrés.

En conclusión, lo mejor es optar por la vía de la iluminación y aspirar a convertirte en monje Zen porque este trabajo te pone a prueba constantemente. Hace unos años pensaba que cambiar de traductor a coordinador era casi lo peor que te podía pasar pero, visto de otro modo, te abre las puertas a un mundo de habilidades que te permiten moverte por la vida con otra actitud. Te sentirás como pez en el agua en discusiones familiares sobre política, serás impermeable a los atropellos en supermercados o autobuses en hora punta y serás más tolerante con las peculiaridades de los demás.